Skip to main content Scroll Top

Fe que sostiene una vida madura (Lucas 17:5–10)

Seguir a Cristo no solo consuela: también forma el carácter.
Lucas 17:5–10 nos ayuda a obedecer con fe genuina y a servir sin convertir la obediencia en una factura.

blog_blog_header_downey (1)

Seguir a Cristo no siempre es sencillo. Hay aspectos del evangelio que animan y consuelan, pero también hay demandas que confrontan: perdonar cuando duele, servir cuando cansa, dar cuando cuesta y obedecer cuando nadie lo nota.

En Lucas 17:5–10, Jesús habla a sus discípulos (a quienes ya creen) sobre cómo se vive dentro del Reino. El foco no está en “entrar” por la fe, sino en madurar en la fe: obedecer con el corazón correcto y servir sin negociar reconocimiento.

1. Obedecer a Dios requiere fe genuina (Lucas 17:1–6)

Jesús comienza con realidades relacionales: habrá tropiezos, pero sus discípulos no deben convertirse en obstáculo para los “pequeños” en la fe. Luego aterriza el llamado al perdón: confrontar al hermano que ofende y, si se arrepiente, perdonarlo incluso “siete veces” en un mismo día (Lucas 17:3–4). Esto revela que el perdón cristiano no se sostiene en garantías humanas, sino en un corazón que ha recibido gracia.

La reacción de los apóstoles es honesta: “Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). Reconocer límites no es fracaso; es un paso hacia la madurez. Jesús responde con la imagen del grano de mostaza: no se trata de una fe enorme, sino de una fe auténtica puesta en Dios. Esa fe, aunque pequeña, sostiene obediencias que humanamente parecen imposibles: perdonar otra vez, permanecer fiel, servir sin aplausos.

2. El peligro de convertir la obediencia en mérito (Lucas 17:7–10)

Jesús corrige una mentalidad común: creer que, si hacemos “más” para Dios, Dios queda obligado a respondernos como esperamos. Lo ilustra con un siervo que, después de trabajar, sigue cumpliendo lo que le corresponde. No está promoviendo abuso; está confrontando la idea de que la obediencia nos da derecho a cobrar.

Por eso concluye: “Siervos inútiles somos; porque lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10). Aquí “inútiles” no significa sin valor, sino sin derecho a reclamar recompensa por cumplir el deber. Dios ama a sus hijos, pero nuestra obediencia no compra su favor. Obedecemos no para ser amados o “ganar puntos”, sino porque ya pertenecemos a Él.

Aplicación práctica para la vida diaria

La vida cristiana madura se reconoce cuando dejamos de usar el sacrificio como moneda de cambio, con las personas y con Dios.

Seguir a Jesús es una decisión personal, pero si decidimos seguirle, esa fe se expresa en compromiso, responsabilidad, generosidad y obediencia diaria (Lucas 9:23).

  • Revisa tu motivación: cuando sirves, das o obedeces, pregunta: “¿Estoy esperando reconocimiento o respondiendo a la gracia?”
  • Practica el perdón con obediencia: decide soltar la deuda cuando hay arrepentimiento, sin convertir el perdón en negociación constante.
  • Sirve sin “facturas emocionales”: evita frases internas del tipo “después de todo lo que hice…”. Sirve con libertad, no con resentimiento.
  • Vive la generosidad como mayordomía: el dar (incluido el diezmo) no es presión ni miedo; es una expresión de que somos administradores, no dueños.
  • Asume la obediencia como discipulado diario: negarse a uno mismo y tomar la cruz significa obedecer aun cuando cueste y no sea aplaudido.

Conclusión

Lucas 17:5–10 nos ayuda a madurar: una fe genuina sostiene la obediencia difícil, y un corazón sano sirve sin convertir la obediencia en mérito. Dios no está en deuda con nadie, pero su gracia sostiene a quienes deciden seguirle con una fe sencilla, humilde y comprometida.